
Abrí el balcón y miré
el mundo que entraba en mi mirada.
Fue grande, hermoso, de colores
donde antes en negro y gris
se dibujaban,
torpezas, heridas, despropósitos,
caídos en tropel hacia la nada.
Alcé los ojos y miré,
el color, la luz, la canción,
la letra cálida de una palabra
que dice amor, letanía
inacabable de caricias, besos,
sol y aire
que me entra a traves de tí,
por el hueco de un balcón
de temblores, entre mis sueños,
de un sólo golpe abrí,
para cerrarlo con mis manos
y del olvido llevarlo
hasta la nada.
Quiero el mundo de hoy
y no el de ayer,
donde sepulté lo que fui,
donde a penas realicé
vida alguna sin que tú
la cobijaras.
Quiero el hoy y el ahora
de aquella palabra
que hasta tí me llevó
y en tí, mi vida hizo dolor,
camino trillado a veces,
otras pedregal y fango.
Bendita palabra que
la dulce miel y amarga hiel
en mis labios resecos amalgama.
Benditos sabores que olvidé
y hoy persigo con ansia,
en cada recoveco, rincón
de la vida que avanza,
veloz tras de los sueños
en veloz escapada.
Lucha audaz de oveja perdida
entre tus brazos
que busca en ellos ser hallada.
En Noray, 14 de marzo de 2009