AMIGOS DEL ALMA

lunes, 15 de junio de 2009

LAS HERIDAS DEL AMOR

Señor, cuántos dolores nos buscamos nosotros mismos. Tánto poner el corazón en todo lo que se hace para luego traerte a ti las heridas. Amar, como nos enseñaste, es entregarlo todo, pero seguramente no lo hacemos bien porque amamos con la mira EN que nos amen, que nos correspondan, que no nos defrauden y así no fue tu vida en la tierra. Tú nos amaste primero sin medir nuestra respuesta, sin calcular los resultados del amor que entregabas y, perdona, Señor, que te lo diga, pero así te fue.

¿Me dejas que te pregunte algo?: ¿Alguna vez llegaste a arrepentirte un poquito, solo un poquito, de tu entrega voluntaria hasta la muerte y muerte de cruz? En el Huerto de los Olivos, ¿pasó esa idea por tu cabeza? No sé si estaré al borde de la herejia, a mi se me figura que sí porque contemplaste en un segundo de tu sudor de sangre, toda la ingratitud nuestra, la de cada uno, la de todos... y de aquella contemplación salió tu grito de "Aparta de mi este Cáliz..."
Perdóname Jesús, esta insensatez mía, perdóname y enséñame a amar sin esperar reciprocidad alguna.

Amar y dar
Amar y no aguardar,
Amar sin recibir,
Amar sin esperar,
Amar sin mirar,
Amar sin calcular,
Amar por amar,
Y en amar dejar
el alma presa en amar

Pero Señor, me queda algo por decirte, si me duelo hoy del amor no es porque a mí me hiriera, Tú lo sabes, lo que me dolió fue lo que hirió a otro al que también amo.