AMIGOS DEL ALMA

lunes, 12 de abril de 2010

A TU COSTADO


Tú que tienes las llaves de la vida y de la muerte, abre, Señor, mi alma y mi vida toda a ti.


Tenme, Señor, a tu costado,
cobíjame en tu herida,
no quiera ya otra vida
que llenarme de la sangre de tu herida.
Cobíjame, Señor, dame la fuerza
para llenar el hueco de la lanza
con el amor y la esperanza
del mundo que, sin verlo ni sentirlo,
a ciegas hoy camina.


Dame calmar tu fuego y ansia,
llevando hasta tu llaga el alma
de cada cristo doliente y lacerado
que, abandonado a su suerte,
sin saberlo, por ti clama.


Dame, mi Dios y mi Señor,
olvido a mis pesares
para tener a tu costado
el gozo y el dolor herido
de mis hermanos que buscan
y no encuentran
la paz, el amor y la esperanza
que a mi abriste
con tu sagrada herida.

Militos

jueves, 1 de abril de 2010

CUIDAR DE TI


Sé que me cuidas, Señor,
que tu cuidado de mi es infinito,
a cada paso que doy, Tú sujetas los hilos.
Si tu mano no me guiara, Vida de mi vida,
estaría hundida en la peor de las miserias.

Tu amor es la llama que incendia mi vida,
tu amor mi alimento, mi fuerza,
mi bebida.

Camino de tu mano que sujeta y levanta,
tu mano que acaricia, que reprende,
que no pierde la senda para mi trazada.

Si Tú no me llevaras sujeta a tu costado,
mis pasos serían el peso del dolor,
del desamparo,
mi camino abrupto, mi sentir amargo,
Mi vida nada valdría, sin la cruel herida
de tu costado amado.

Sé que me cuidas, pero esta madrugada de Jueves Santo, soy yo la que quiere empezar a cuidar de tí, Jesús de mi vida.

lunes, 15 de marzo de 2010

ESTAR SIN DIOS


Cómo quisiera hacer ver al mundo y a cada persona que su auténtico mal es estar sin Dios, lejos del Padre, especialmente a todos los que quiero, a los que un tiempo creyeron en Él y le amaron. Un consuelo guardo siempre en mi corazón, aunque el mundo y ellos crean estar sin Él, Él si está siempre con ellos, aguardando, como Padre amoroso, a que se vuelvan y le vean.

Sus angustias, sus temores, su querer suplir el amor de Dios con bagatelas terrenales nunca les puede traer la felicidad, sólo goces momentáneos que no tardan en volverse hastío y desengaño. Son muchos los que, cuando se han dejado tocar por la Gracia de Dios, gracia siempre latente en el alma humana, aguardando a ser recibida, cuando caen de rodillas ante el Padre, reconocen, como hijo pródigo, que a pesar de las apariencias, lo pasaron mal lejos de Él.

Dice San Agustin y dice maravillosamente que si lo hubieran pasado bien lejos de Dios, nunca hubieran regresado a la casa paterna.

Mi rezo de hoy es para que uno solo de esos hijos pródigos vuelva a su Padre Dios y compruebe cómo el Padre le ve de lejos, sale a su encuentro y le acoge en sus brazos, sin preguntas, sin reproches, con todo el amor intacto que guardaba para él desde el día que lo abandonó.

miércoles, 10 de marzo de 2010

PERDONAR


Todavía, Señor,

no he aprendido tus caminos,

he olvidado tus sendas.

No hagas recuento de mis deudas,

enséñame a olvidar a mis deudores,

aunque el corazón se rebele contra ellos.

Que sepa perdonar, Señor,

antes de que Tú me perdones a mi

lunes, 22 de febrero de 2010

CRISOL



Señor, sé que me atiendes
que escuchas mis gemidos
que si resisto es por tu voz
que me da fuerza y aliento.
Sé que mi grito no se pierde
en el eco del abismo,
que llega a ti, que lo devuelves,
hecho beso y fortaleza.


Sé que si no me derrumbo
es por el abrazo que me dejas
en cada amanecer, en el orto
del sol que me calienta.
Sé cada segundo, que llegaste
a colmar de pan y de esperanza,
la carencia, el hambre
de mi propia esencia.

Sé que te debo haber llegado
hasta lo hondo de la vida,
estar a las puertas de tu Reino,
aguardando aún mi merecer
lo que sufrió tu Hijo agonizante.
Aún me queda, Señor, para triunfar,
ver en la temible espera,
tu rostro brillando en la tormenta,
tu mano tendida a mi miseria.


Aún, Señor, aguárdame...
a que mi amor ardiente cruce
por el crisol de tu pasión
y tus afrentas.


Sé que me escuchas, Señor,
sé que mi grito hasta ti llega,
sé que la paz y la alegría,
bálsamo son a mis heridas,
bálsamo que sólo Tú me envías.

jueves, 18 de febrero de 2010


Señor, otra vez Cuaresma, otra vez buenos propósitos, otra vez que te fallaré.

¿Hasta cuando, Señor? ¿Hasta cuando este rifirafe de caer y levantarse? ¿Hasta cuando soportarás mi desaliento, mi incapacidad de mantenerme en pie?

¿Hasta cuando mis preguntas? ¿Hasta cuando mi falta de fe? ¿Mi querer siempre más y nunca alcanzarlo?

Ya no me atrevo ni a pedírtelo, pero te lo pido una vez más:


¡¡¡AUMENTA MI FE!!!

domingo, 7 de febrero de 2010

POR TU DOLOR




Señor: ¿cuándo mi dolor, será tu dolor? ¿Cuándo las ofensas, mis ofensas, me harán daño por ti, sólo por ti y no por mi?
Sé Dios mío que el dolor se te causa a ti, Tú lo sufres y yo no puedo acapararlo como mío.

Tú, Jesús, que padeciste lo indecible, lo no repetido por nadie, por salvar al género humano, a cada uno individual y personalmente, Tú que sigues padeciendo de la misma manera y con la misma crueldad que hace 21 siglos, en cada acontecimiento de muerte y herida de mis hermanos, en cada afrenta a ti o a ellos, en cada desprecio y maltrato, en cada herida, en cada injusticia, en cada muerte de inocentes nacidos o no nacidos... Tú, mi Jesús, hombre verdadero y Dios verdadero eres el auténtico ofendido.

Por eso acudo a ti, esta mañana de cielo plomizo, me postro a tus plantas para pedirte que nada me duela por mi, ni siquiera los errores de mis hijos a los que crié para ti, para que te amasen sobre todas las cosas, para que no se dejasen arrastrar por la indiferencia religiosa del momento que vivimos, para que todos diesen ejemplo, no solo de bondad humana y amor a todos los hombres sin distinción de razas ni fronteras de ningun tipo, sino de amor preferente a ti. Y acudo a ti para pedirte que ni siquiera ese dolor sea mío, sino tuyo que no te lo arrebate, que me duela por ti.

Porque Tú eres el que lo padece en tu propia carne, lacerada hasta derramar la última gota de tu sangre humana, tomada del propio cuerpo de la Santísima Virgen.

Hoy, Señor, no es amor lo que vengo a ofrecerte, hoy es el dolor del que con tanta facilidad me apropio, cuando veo que el mundo y yo no caminamos hacia el fin para el que fuimos creados.

Señor: atiende mi súplica, Dios de la Misericordia, redirecciona mi dolor por el mal del mundo, por el mal individual, por mi propio mal. Que no me duela por mi, que me duela sólo por ti, porque me amas y nos amas hasta haberte hecho hombre y dar la vida por nosotros.