
Tú que tienes las llaves de la vida y de la muerte, abre, Señor, mi alma y mi vida toda a ti.
Tenme, Señor, a tu costado,
cobíjame en tu herida,
no quiera ya otra vida
que llenarme de la sangre de tu herida.
Cobíjame, Señor, dame la fuerza
para llenar el hueco de la lanza
con el amor y la esperanza
del mundo que, sin verlo ni sentirlo,
a ciegas hoy camina.
Dame calmar tu fuego y ansia,
llevando hasta tu llaga el alma
de cada cristo doliente y lacerado
que, abandonado a su suerte,
sin saberlo, por ti clama.
Dame, mi Dios y mi Señor,
olvido a mis pesares
para tener a tu costado
el gozo y el dolor herido
de mis hermanos que buscan
y no encuentran
la paz, el amor y la esperanza
que a mi abriste
con tu sagrada herida.
Militos




