Señor, cómo llueve, está todo gris, pero en mi alma hay un rayo de luz y de esperanza que me acerca cada vez más a ti. Y tengo una pena grande por todas esas personas que caminan a lo largo y ancho del mundo, a través de todos los tiempos, y que se empeñan en llevar las cargas de la vida por sí solos; cuánto deben sufrir, yo no podría, Señor.
Por eso hoy vengo a darte gracias por la infinita misericordia que has tenido conmigo, por darme desde que vine a este mundo la fe, esa fe en ti, mi Dios Creador, fuente de toda esperanza y todo amor.
Fe que me lleva, me conduce a conocerte en todo lo que vivo, en los momentos buenos y en los malos.
Fe que alienta mi felicidad en la tierra, pase lo que pase, y acrecienta mi esperanza en una vida eternamente a tu lado.
Fe que lleva mis cargas con un cierto garbo. Aunque tropiece y me desanime en algún momento, no tengo más que mirarte en la Cruz para sentir que tu fuerza me levanta.
Podría seguir de manera interminable, pero sólo quiero darte las gracias porque un día me elegiste para que guardase este tesoro de la fe, en un vaso de barro que Tú mismo y tu santísima Madre, María de mi corazón, sostenéis.
Por eso mi pregunta de hoy es:
¿De dónde sacan las fuerzas para vivir los que no quieren tenerte?
¡Yo soy tan débil que sin ti nunca podría!
GRACIAS, SEÑOR